Lejos de La Corriente
El libro de un vistazo
Edel Morales (Cabaiguan, 1961), con su libro Lejos de la corriente, confirma el hondo aliento de la poesia nacida?En las pequenas ciudades del centro de Cuba?. Con dicha muestra, Morales se atreve a decirnos el origen de sus conjeturas, a revelar en un solo texto su itinerario afectivo y estatico. Desde la pequena ciudad, ?las calles, habitualmente bulliciosas y dulces?, atravesando los encuentros con amigos, ciudades, mares, con la certeza del tiempo, de la nada que seremos luego de ?mil o cincuenta anyos?, el poeta nos revela su historia en el universo; con una sutil coherencia dialectica, sus temas se deslizan por el hombre y el complejisimo macrocosmos que habita. Es cierto que convivimos con multiples visiones poeticas, las que van desde el mas fervoroso, autentico, registro tradicional (?Tu voz esta sobre mi cuerpo ?le hace bien a mi cuerpo/ la claridad de tu voz/ en la penumbra de estos anyos?), hasta posiciones vanguardistas, digase contemporaneas. (?En ese caos preciso un instante ?La Habana, anyo noventa/ y sucesivos? y traduzco para un amigo estos versos: / hechos con una rara claridad que los condena/ y los aleja de cualquier estetica al uso./ Seran barridos hacia otro horizonte, lejos de la corriente.?) Pero tambien es visible la intencion de individualizar, desde los preceptos de lo uno y lo diverso; la preceptiva de Morales se acentua en el ser de hoy. El poeta, este que creo cercano, ha puesto su anecdota en el intento; su voz viene desde los primeros viajes, desde la certeza de ?Los es-tudiantes [que] se han marchado a descubrir el mundo/ y una paz, una extrana y larga ausencia, / llega hasta las paredes y penetra al interior de los edificios?. Luego llegamos con el a ciudades que invitan a vivir otra vida/ en calles trazadas para el ejercicio del goce y el amor?. En estos poemas, cerca del ojo del huracan, de la verdad central de las palabras, el ser vive aferrado a sus pasos, a su destino, ?entre el bien y el mal?. Asi acepta que ?El universo expande la finitud de sus cuerdas?. Su voz es su puerta misma, la que se abre y se cierra eternamente, como el pendulo. Aqui hablamos de un verso que se azota a si mis-mo; de un lado se alarga, se busca en un paisaje interior sombrio y del otro se calma, incide, recompone, juega ajedrez sobre un mundo que puede ser cambiado, un mundo aparente, consumado, consumido, en la realidad que crea y recrea. Edel es un explorador de si mismo; su poesia va paso a paso y en ese ascenso medita y resume; todo vuelve a ser en su palabra, todo adquiere un destino inedito. Pareciera que cada instante se revela por primera vez. El pasado se convierte en el futuro de su poema. Rigoberto Rodriguez Entenza Sancti Spiritus, marzo de 2005
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